viernes, 26 de septiembre de 2008

AMAPOLAS


Querida mía, quizás tú seas verdaderamente la mejor -la verdadera. Pero ya no tengo tiempo de decírtelo, de hacértelo saber -y además, si todavía pudiese, queda la prueba, la prueba, el malogro.
Veo hoy claramente que desde los 28 hasta hoy siempre he vivido bajo esta sombra -alguien la llamaría un complejo. Diga sin embargo que es algo mucho más sencillo.
También tú eres la primavera, una elegante, increíblemente dulce y flexible primavera, suave, fresca, esquiva -corrompida y buena-, "una flor del dulcísimo valle", diría quien yo sé.
Y sin embargo tú eres sólo un pretexto. La culpa, después de mía, es sólo de la "inquieta acongojada que sonríe ella sola".
¿Por qué morir? Nunca he estado tan vivo como ahora, nunca tan adolescente.
Nada se suma al resto, al pasado. Volvemos a empezar siempre.
Un clavo saca a otro clavo. Pero cuatro clavos hacen una cruz.
Mi papel público lo he hecho hasta donde he podido. He trabajado, he regalado poesía, he compartido las penas de muchos.

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